Cuernavaca , Mor., 16 de diciembre de 2010.
A LOS TLACOTALPEÑOS Y AMIGOS :
En este aciago año que felizmente está llegando a su término, la presentación del libro “Tlacotalpan en la Historia 1200-1914” el próximo día 19 del presente, que contiene una ardua labor de investigación y buenos deseos, vertidos en sus páginas con sus dotes de buen escritor y poeta por el Capitán Raúl Márquez Martínez (Q.E.P.D.), viene a ser como un remanzo de gran significación para quienes somos tlacotalpeños y también, para quienes no siendo nativos, le profesan su amor.
Es innegable que cuando nos referimos a lo importante de Tlacotalpan, hoy, tenemos que mencionar épocas pasadas, así se ha venido dando el devenir de la historia a partir de que el ciclo de la pujanza económica en el municipio llegó a su fin. A partir de ahí, el tlacotalpeño se ha circunscrito a la enorme herencia cultural legada por aquellos cabestros que con gallardía y pundonor lograron darle a nuesrtra Ciudad el título –en peligro de ser cancelado- que ahora es motivo de nuestro orgullo: PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD.
Raúl Márquez Martínez, a trvés de su legado en este libro, buscó plasmar información para que tomando como ejemplo aquellos tiempos de bonanza, volvamos los ojos y se revele a nuestra conciencia las bases que sirvieron de firme fundamento para alcanzar esa prosperidad ausente pero tan deseada en nuestros tiempos.
Raúl solía decir: “los tlacotalpeños tenemos la masa pero no sabemos hacer las tortillas”. ¡Cuanta razón hay en esta frase! Nos hemos convertido en un pueblo que, a pesar de su innato orgullo, ha tenido que doblegarse una y otra vez para extender la mano buscando la dádiva del exterior que mitigue nuestras carencias. Nos hemos vuelto un pueblo que vive del recuerdo, defiende sus tradiciones pero ve con antagonismo al progreso, cuando ambos, tradición y progreso invariablemente deben ir de la mano.
Los valores contenidos en este libro, buscan resaltar la innata delegación y su correspondiente responsabilidad que heredamos quienes tenemos el honor de haber nacido en este terruño. Resaltar sí, pero con el único afán de que, como en antaño, se vuelvan a ejercer los derechos que nos corresponden y que hoy hemos delegado en manos de terceros que la mayoría de las veces han fallado en conseguir ese progreso que hasta la fecha nos parece una quimera, inalcanzable.
Un ejemplo muy palpable es lo ocurrido con las derivaciones que trajeron las pasadas inundaciones. Gracias a Dios, muchos paisanos, cuyos nombres no cito porque sería injusto dejar de mencionar siquiera a uno, derrochando amor, esfuerzo y recursos de su propio peculio, vinieron a mitigar la sed, el hambre y necesidades apremiantes de quienes cayeron en desgracia ¿y quién no cayó en desgracia? Sin embargo, no hay recursos que sean sufucientes para estos casos porque el hambre y la sed se mitigan por un rato pero nuevamente sus síntomas se están haciendo presentes. Aquí cabe mencionar ese viejo adagio que dice: “A quien tiene hambre no le des un pescado, mejor enséñale a pescar”
En los tiempos de la conquista los invasores vinieron y nos trucaron espejos a cambio de oro, hoy, los tlacotalpeños aceptamos el paliativo de disfrutar la algarabía causada por un embalse de toros a cambio de olvidar todo aquello que estuvo dentro de lo posible hacerse y sin embargo, no se hizo. Y no se hizo porque la falta de injerencia por parte nuestra en los asuntos de la vida económica y políca de nuestra amada Perla, no está dentro de nuestro estilo de vida y la hemos cedido a aquellos que utilizando en forma tergiversada sus dones dados por Dios, los han orientado para perjudicar a su prójimo.
Se llegó el tiempo de que los tlactalpeños sepamos qué acontece en las juntas de cabildo, cuál es el presupuesto anual asignado a la comuna, que exista una transparente rendición de cuentas; que ejerzamos con conciencia nuestro voto a la hora de elegir a quienes deben servirnos y que no se sirvan de nosotros; que resurja aquella conciencia de querer vivir en forma armónica respetando y haciendo respetar desde un bando hasta nuestra Constitución; que entendamos de una vez por todas que estamos sentados sobre una mina de oro y sin embargo tenemos muchas carencias –por no decir muriéndonos de hambre-; que nuestra Ciudad se convierta en un polo de atraccioón turística sin que sus hijos se vean forzados a vender sus propiedades para convertirse en parias que sólo tienen derecho de tocar los instrumentos musicales que competen al son jarocho, bailar y decir espinelas gratis en todo espectáculo donde se nos requiera a cambio de un aplauso, insisto, es tiempo de que entendamos de una vez por todas que el progreso no está peleado con la tradición.
Todo esto sólo se va a resolver si realizamos lo que implica una palabra: ORGANIZACIÓN. No hace falta la venida de falsos mesías, sólo basta con que cada uno de nosotros se quite las insignias que la prepotencia e intolerancia nos han otorgado y nos pongamos a dar ese granito de arena que hará que en un futuro no lejano veamos rehabilitda esa Verde Ribera cuyos moradores vivan en paz y con progreso.
¡¡¡NUNCA SERÁ TARDE PARA COMENZAR!!!
Es el libro de Raúl
sin dudarlo una semilla
que servirá de mirilla
para ver el cielo azul.
Nos representa un baúl
para sacar soluciones
de esas que diario a montones
faltan para prosperar
si es que queremos mirar
Ribera sin nubarrones
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La oportunidad no llega
hay que buscarla incesante
y este es el mejor instante
para comenzar la brega.
No se requiere refriega
solamente el pensamiento
paso firme sin ser lento
que sabe dónde quiere ir
ese podrá conseguir
que haya un nuevo avivamiento
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Sólo me resta agradecer a la familia Márquez Silva que, a pesar del dolor que les embarga, hicieron hasta lo imposible porque esta obra motivacional para todos nosotros vea la luz próximamente.
Con mi reconocimiento
César Ignacio Bolaños Arredondo